Estimado lector, me llamo Luis Miguel Goitizolo. En esta página presento un artículo inspirado en mi libro La rueda del tiempo - Un estudio sobre la doctrina de los ciclos cósmicos y en intereses similares.

Monumentos Antiguos

Cuanto más se estudian los monumentos antiguos, en particular los de las sociedades aurorales, más se percibe que nunca pasó por la mente de sus creadores el uso al que estaban supuestamente destinados. Decir, por ejemplo, como lo hacen la mayoría de los arqueólogos y de otros mal llamados "expertos", que los monumentos y todo lo que contenían se usaban sobre todo en el culto de sus dioses, más parece una excusa para justificar su ignorancia del verdadero propósito, ya que todo en ellos sugiere un uso astrológico/astronómico en torno al cual gravitaba principalmente la religión de los antiguos.

 

En efecto, todos ellos, incluyendo la Gran Pirámide y Stonehenge en el Viejo Mundo, y Teotihuacán y Caral en el Nuevo, fueron creados principalmente como observatorios astronómicos en la época en que se construyeron. Otros usos podían incluir por cierto el que funcionaran como templos y escuelas de misterios, sepulcros, etcétera, pero su propósito primero y más importante fue siempre el estudio de las estrellas, que implicaba reproducir sus movimientos por medio de danzas sagradas y de procesiones que periódicamente culminaban en ritos de iniciación. Esta observación general de los cielos constituía un aspecto masculino o "yang" versus, y complementando, el estudio, más particular, del aspecto "yin" or femenino de la tierra principalmente para propósitos de adivinación o "geománticos" (y perdónenme que repita algunas de las ideas ya presentadas aquí y en otros lugares y que inclusive copie al pie de la letra, en mi afán de remacharlos, unos cuantos fragmentos de mis entregas en otros forums.) 

 

 



El Intihuatana ("la piedra que ata al sol") en la parte más alta de Machu Picchu en Cuzco, Perú. Usado a fines del imperio incaico como ciudadela y residencia de las familias reales incas, Machu Picchu muy probablemente era ya una ciudad y civilización auroral varios milenios antes de eso
(foto: archivos)

 

 

De este modo, la latitud de un lugar llegó a ser, en mi opinión, el factor más importante no sólo en las interrelaciones astrológicas que afectaran su fortuna sino, principalmente, en el progreso de las estaciones en el curso del año y en la determinación de la fecha exacta de los solsticios y equinoxios que afectaban el área en general y el trabajo de los campos. Por cierto, este último aspecto involucraba el conocimiento de la precesión de los equinoxios y de otros ciclos cósmicos y -algo todavía más importante- la duración de las edades cíclicas y las probables fechas de los cataclismos que pudieran afectar una ciudad o región o, para tal caso, el planeta entero en el curso de períodos largos de cientos e, incluso, miles de años.


 



Templo de Kalasasaya en Tiahuanaco, Bolivia. Es muy probable que
Tiahuanaco provenga directamente de la Atlántida
(foto: Archives)

 

En cuanto al segundo aspecto, más femenino, es desde luego razonable que el lugar donde se iba a construir una ciudad o un monumento hiciera del geomántico un aspecto en extremo importante, ya que el hecho de que estuviera ubicado sobre corrientes subterráneas aseguraría que tuviese mejores cualidades electromágnéticas. Mi idea es que estas corrientes subterráneas, que aproximadamente siguen el curso longitudinal de las líneas magnéticas, determinarían las cualidades geománticas del sitio incluyendo la productividad de la tierra y, en ciertos casos, cuán bien se desempeñaría como una puerta estelar. En conexión con esto, se ha descubierto que muchas construcciones megalíticas dispersas por el norte de Europa y en Gran Bretaña, por ejemplo, siguen las líneas magnéticas terrestres que habitualmente marcan el curso de tales corrientes. Pero en términos generales, la longitud y la latitud combinadas, al determinar tanto las cualidades geománticas como las astrológicas, determinarían cuán bien este o aquel sitio podrían desempeñarse como puertas estelares.

 

En mi país, cerca del lugar donde resido, se conservan las ruinas de una antigua e importante ciudad de tiempos pre-incas caracterizada, en algunos de los recintos de su edificio principal, por altos nichos verticales en los que si uno ingresa puede oír claramente, fuertemente amplificados, cada palabra, murmullo y susurro proferidos desde el interior de cualquiera de los nichos existentes en otros recintos, por alejados que estén. Es una experiencia fantasmal que yo mismo he tenido. Funcionan como los intercomunicadores de cualquier edificio moderno.


Otro antiguo monumento en la región montañosa andina de mi país presenta
en su fachada, como principal característica, un nicho similar que parece ser, pero no es, una puerta: tan sólo un imponente nicho en la pared sin abertura alguna por la que uno pueda ingresar. Ubicado en un solitario paraje de un área desolada, el monumento posee una rara belleza, pero no parece construido por manos humanas. Podría tratarse de una formación pétrea tallada por el viento a lo largo de milenios, pero, ¿y el nicho? Parece haber sido cortado y luego acabado usando sofisticadas herramientas eléctricas: un nicho que además de funcionar como intercomunicador capaz de transmitir mensajes a localidades remotas, es considerado por los chamanes, al igual que por visitantes especiales, como un portal hacia dimensiones superiores.

 

Si ello ocurre en sitios relativamente poco significativos, podemos imaginar cómo será en sitios arqueológicos más grandes e importantes tanto en mi país como, más al norte del continente, en tierras mayas y aztecas, donde el enorme complejo de Teotihuacán no sólo era un gran observatorio y un modelo a escala del mismísimo sistema solar sino que, de hecho, hace muchos siglos controlaba un área inmensa en Mesoamérica. Y lo mismo en territorios de Asia y África en el Viejo Mundo, donde civilizaciones como la sumeria y la egipcia florecieron hace milenios y donde, muy probablemente, la Gran Pirámide de Giza y otros imponentes monumentos eran al mismo tiempo grandes observatorios. Y en fin, en el norte de Europa, donde, edad tras edad, el misterioso Stonehenge vigiló las estrellas.
 

 

 



Teotihuacán - 
Vista de la Avenida de los Muertos y la
Pirámide del Sol, desde la Pirámide de la Luna 
(foto: Wikipedia)
 

 

Extendiéndose a lo largo de enormes distancias, todas estas extraordinarias realizaciones de edades remotas parecen haber estado extrañamente interconectadas como portales de Internet a través de una no menos inmensa red que virtualmente cubría nuestro planeta entero. Ellos fueron construidos por pueblos que compartían un imponente conocimiento de la Tierra y de los cielos. Sus pasmosos logros científicos hacen que nos preguntemos si eran, de hecho, más sabios que nosotros. En muchos aspectos, eran pueblos mucho mejores que nosotros - para empezar, en su amor y respeto por nuestra Madre Tierra. Y estaban obsesionados por la necesidad de conocer todo lo que se refiere a las edades y los ciclos cósmicos... y el fin de los tiempos.

 

Se sabe que muchos años después, de hecho siglos y milenios después, los maestros masones que planearon y construyeron muchas de las ciudades aurorales de los Estados Unidos y de otras partes del continente americano dominaron las ciencias arcanas de la Tierra y de los cielos, ya que en sí la tradición hermética, a la que desde un principio estuvieron adscritos, provenía de la tradición primordial que parece haber estado en la raíz de toda civilización antigua. Se sabe asimismo que se aplicaron a reproducir los movimientos de los astros por medio de danzas sagradas y procesiones coronadas periódicamente por ritos de iniciación. Y se sabe que entre muchos otros intereses, que incluían la astrología y las ciencias adivinatorias, estuvieron asimismo obsesionados por el conocimiento de las edades y de los ciclos cósmicos... y el fin de los tiempos. ¿Necesito decir más? Ellos estaban celebrando, o al menos simulando, los intemporales ritos de una religión cósmica.

 

Gracias,

 

Luis Miguel Goitizolo

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Portada del
Aramu Muru en Hayu Marca, Peru
(ver más información
aquí) 


 

 

Mensaje del autor

 

 

Estimado amigo,

Desde mis años de juventud me sentí fascinado por la sabiduría oriental y, más particularmente, por las doctrinas hindúes. Sin embargo, no fue sino hasta hace algunos años que inicié la tarea de estudiar la antigua doctrina de los ciclos cósmicos desde diferentes puntos de vista, aunque usando principalmente los textos sagrados más relevantes de todas las partes del mundo. Con el paso del tiempo, sentí el deseo de escribir un libro relacionado con mis estudios en esa materia; son fragmentos de ese libro, que titulé La rueda del tiempo, y otros artículos originales que tratan de temas afines lo que comenzaré a publicar por este medio a partir de la fecha.

Más recientemente, tras desempeñarme durante algunos años como “networker” promoviendo diversos programas, decidí traducir mi libro al inglés, tarea felizmente concluida hace algunos meses. Y durante los pasadas semanas y meses he estado publicando fragmentos de esta traducción, así como otros artículos originales en inglés que también tratan de temas afines, en diversos medios en línea de los Estados Unidos y otros lugares del mundo.


Gracias,

 

Luis Miguel Goitizolo
Lima - Perú


miguelgoitizolo@gmail.com


 


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