Estimado lector, me llamo Luis Miguel Goitizolo. En esta página presento un artículo inspirado en mi libro La rueda del tiempo - Un estudio sobre la doctrina de los ciclos cósmicos y en intereses similares.


El Secreto del Tiempo

 

Cuando empecé mi primera versión de La rueda del tiempo, hace aproximadamente doce años, lo hice motivado por circunstancias muy especiales. Había llegado casualmente a mis manos el Tercer Canto del Bhagavata Purana, preciosa y monumental escritura hindú, y me maravilló leer que en épocas tan remotas los hindúes estuvieran familiarizados con conceptos tan avanzados como el de la expansión del universo y el de la relatividad de espacio y tiempo, cosas éstas que los científicos modernos no vendrían a conocer plenamente sino a partir del siglo veinte. Pero lo que me perturbaba eran las enormes duraciones mencionadas en relación con los ciclos cósmicos. Por ejemplo, el Kali-yuga o Edad Sombría, ciclo que claramente correspondía a la Edad de Hierro de la tradición grecorromana, se extendería a lo largo de 432,000 años terrestres, un décimo de un ciclo humano total de 4'320,000 años; y si su inicio fue en 3102 a.C., como lo consignan los textos astronómicos hindúes, su fin no llegaría sino hasta el año 429,000 d.C., fecha sin duda tranquilizadora en una época de enorme crisis global como la que vivimos pero que no se aviene, en absoluto, con los datos de otras tradiciones que anuncian un fin inminente para nuestra degradada civilización.

 

La respuesta a esta inquietud mía vendría poco después, principalmente en la forma de un notable artículo de René Guénon: Algunas observaciones sobre la doctrina de los ciclos cósmicos, aparecido por primera vez en francés en 1937. Gracias a él me persuadí finalmente de que tales cifras son esencialmente simbólicas, como lo indica el hecho de que todas ellas sean múltiplos de nueve —lo cual las hace justamente circulares o cíclicas—, así como que deben asimilarse fundamentalmente al gran ciclo de precesión de los equinoccios, período determinante en el desarrollo de la humanidad y cuya duración tradicional, 25,920 años comunes, es también múltiplo de nueve. Cierto que al mismo tiempo concluí que tales duraciones podían, a la luz de los descubrimientos científicos más recientes, tomarse también en forma aproximadamente literal, algo que Guénon no podía saber en su época; pero de momento era más que suficiente. Luego, como por arte de magia, cayeron en mis manos otros escritos, algunos muy importantes y otros que no lo eran tanto, los cuales me ayudaron a realizar el estudio preliminar y a publicar una primera edición en 1998. Este primer esfuerzo contenía algunos elementos que se han mantenido hasta hoy, siendo el principal mi propio cálculo del final del Kali-yuga y, por tanto, del ciclo humano actual. Un elemento adicional fue la salvedad de que dicho fin pareciera haberse adelantado un grado de dicho período ó 72 años, fenómeno conocido en los textos como superposición de yugas

 

Sin embargo, pronto advertí que esa primera versión no sólo contenía algunos errores históricos sino también citas erradas, por lo que traté de mejorarla mediante una segunda edición que apareció poco después y que estuvo circulando por algunos años hasta que, concluido su propio ciclo, decidí retirarla de la circulación.

 


Lo que los "discípulos" de Guénon tenían que decir

Para entonces habían comenzado a aparecer, principalmente en Internet, diversos artículos de “discípulos” de Guénon en los que se sostenía que:

(1) La duración del ciclo total de humanidad es 64,840 años, equivalente a cinco semiperíodos de precesión de los equinoccios (5 x 12,960 años); este cálculo lo había sugerido (pero sólo sugerido) Guénon en el estudio mencionado, lo mismo que el siguiente punto.

(2) El año 720 del Kali-yuga (que duraría 6,480 años, o un décimo de la cifra anterior) habría coincidido con el del comienzo de la era judía, tradicionalmente establecido en el 3761 a.C.; por consiguiente, siempre con base en otras tentadoras precisiones hechas por Guénon en diversos artículos, el Kali-yuga habría comenzado en el año 4481 antes de Cristo.

(3) Hecho el cálculo correspondiente (6480 - 4481), el fin del Kali-yuga (equivalente, en la práctica, al fin de nuestra civilización) ocurriría en el año 1999. Algunos incluso, recurriendo a cifras decimales, precisaban un poco más: la catástrofe, cualquiera que fuese la forma que adoptara, se produciría… ¡el 14 de noviembre de 1999!

Pues bien, en relación con la doctrina de los ciclos cósmicos, lo primero que hay que entender es que el término milenio no equivale, como pudiera pensarse, a mil años comunes, sino a una duración indefinida, generalmente referida a un gran ciclo cósmico cualquiera. Éste es un punto sobre el que nunca se insistirá bastante, y constituye un principio elemental que los mencionados autores parecían haber olvidado. Peor aún, no sólo evidenciaban que no habían podido desembarazarse del sentido literal del término sino, además, cierta proclividad a la histeria que suele apoderarse de las masas al aproximarse el fin de un ciclo cualquiera, para no mencionar uno tan preñado de amenazas como el que se nos venía encima.

En estos términos, el hecho de que el año 2000 llegara sin pena ni gloria —en otras palabras, sin que se produjese un desenlace fatal— no significó, ni mucho menos, que la validez de la doctrina de los ciclos quedara en entredicho. Muy al contrario, denotaba simplemente que fue tergiversada. Visto el hecho en retrospectiva, por otro lado, tampoco significaba que nuestro planeta hubiera quedado libre de los espantosos cataclismos que suelen acompañar el final de todo ciclo importante; pues obviamente dicho fin, de seguir la doctrina vigente, estaría aún por llegar.  


Una visión singular de la historia

Como fuese, seguro, como lo estaba, de que Guénon nunca hubiera aprobado tales excesos —aunque quedándome la duda de si sus “sugerencias” no habrían sido hechas adrede para que tales cálculos fracasaran—, me propuse realizar una tercera edición de La rueda del tiempo con la intención de aclarar, en la medida de lo posible, este particular, a la vez que subsanar cualquier carencia, precisar algunos puntos e, inclusive, mejorar la presentación general de las anteriores ediciones.

No ha sido, sin embargo, hasta hoy que he podido poner término a esta tarea. Y lo más notable ha sido el hecho, para mí curioso, de no haber tenido que modificar substancialmente las anteriores ediciones, fuera de corregir una o dos referencias equivocadas, añadir algunos datos y refinar un tanto la redacción y la sintaxis. Por otro lado, he dudado no poco sobre la conveniencia de mantener algunas secciones, como por ejemplo la descripción de Año Divino egipcio casi al comienzo del libro, que pudiera desviar la atención del tema principal; e incluso me sentí tentado a suprimir enteramente otro de sus capítulos, que pudiera parecer poco convincente. Pero me disuadió el hecho de que, si bien tales secciones no son esenciales para la comprensión del tema, sí pueden leerse con provecho, sobre todo la última, que describe a grandes rasgos el Kali-yuga del ciclo humano actual —en la práctica, la historia de nuestra mal llamada civilización.  

Ahora bien, se comprende que esta particular visión de la historia choque frontalmente con la de la mayoría de los lectores occidentales, quienes, salvo contadas excepciones, conocen muy poco de las doctrinas orientales. En tal sentido, es esencial entender el concepto de maha-yuga, el ciclo hindú de cuatro yugas o edades decrecientes cuyas duraciones son proporcionales a 4, 3, 2 y 1 y que es, de hecho, asimilable a cualquier ciclo temporal, pues otro punto fundamental de la doctrina es que existe una total correspondencia entre todos ellos; y luego detenerse en el concepto de Manvantara, éste sí referido al ciclo humano total y cuya duración, tal como se ha señalado, debe calcularse en dos períodos de precesión de los equinoccios o un total de 51,840 años comunes. Dando un paso adelante, debe quedar claro que si los yugas suman proporcionalmente 10 (pues 4 + 3 + 2 + 1 = 10), la duración del Kali-yuga será la décima parte de ese total, es decir 5,184 años comunes. Otro paso aún, consecuente con el anterior, nos hará comprender que las características del actual Kali-yuga, en virtud de las correspondencias a que me he referido, reflejan punto por punto, pero en forma más acusada, las del ciclo total de 51,840 años; ello, en la práctica, nos dará una imagen de este ciclo en pequeño incluyendo, también en pequeño pero con duraciones siempre proporcionales a la escala 4, 3, 2 y 1, la de sus cuatro yugas descendentes. El paso final consistirá en fijar la atención en el último de estos yugas, que podríamos denominar el kali-yuga del actual Kali-yuga: un período de poco más de quinientos años sumamente rico en acontecimientos históricos y en grandes logros materiales pero que lamentablemente, precisamente por el hecho de ser éstos sólo materiales, parecieran estar llevándonos al desastre en forma acelerada.

Pensando, pues, en los lectores occidentales, que tienden en su mayoría a confiar en un futuro cargado de brillantes promesas para la humanidad, me ha parecido conveniente comenzar este estudio repasando ciertos textos de la Biblia con los que pudieran estar más familiarizados y, partiendo de ese punto y de las increíbles coincidencias existentes entre dichos textos y otros textos sagrados de todo el mundo —coincidencias que extrañamente prefiguran los más recientes descubrimientos de la moderna astrofísica—, conducirlos a través de antiquísimos mitos universales como el de las Cuatro Edades del Hombre y el de las Siete Eras del Mundo para llegar, finalmente, a inquietantes conclusiones sobre el momento actual y sobre el futuro próximo de nuestro planeta, un punto culminante en el tiempo hacia el cual parecieran estar confluyendo, en forma amenazadora, ciclos cósmicos de orden y magnitud diversos...

 

 


Ver también:  2012: ¿Se viene el cambio de era?

 

Ver siguiente:  El Misterio del Tiempo - 1

 

 

 

 

 

Mensaje del autor

 

 

Estimado amigo,

Desde mis años de juventud me sentí fascinado por la sabiduría oriental y, más particularmente, por las doctrinas hindúes. Sin embargo, no fue sino hasta hace algunos años que inicié la tarea de estudiar la antigua doctrina de los ciclos cósmicos desde diferentes puntos de vista, aunque usando principalmente los textos sagrados más relevantes de todas las partes del mundo. Con el paso del tiempo, sentí el deseo de escribir un libro relacionado con mis estudios en esa materia; son fragmentos de ese libro, que titulé La rueda del tiempo, y otros artículos originales que tratan de temas afines lo que comenzaré a publicar por este medio a partir de la fecha.

Más recientemente, tras desempeñarme durante algunos años como “networker” promoviendo diversos programas, decidí traducir mi libro al inglés, tarea felizmente concluida hace algunos meses. Y durante los pasadas semanas y meses he estado publicando fragmentos de esta traducción, así como otros artículos originales en inglés que también tratan de temas afines, en diversos medios en línea de los Estados Unidos y otros lugares del mundo.


Gracias,

Luis Miguel Goitizolo
Lima - Perú


miguelgoitizolo@gmail.com                                                                                                    

     

 
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